Las mujeres frente a la jubilación

Las pensiones de jubilación de las mujeres son inferiores a las de los hombres, dado que un elevado número de estas cotiza menos años.


La esperanza de vida de hombres y mujeres continúa aumentando y se calcula que para el año 2020 el número de personas mayores de 60 años se habrá incrementado en unos 20 millones.

Pero, además, las mujeres viven más, en España la esperanza de vida al nacer de las mujeres se ha ampliado hasta los 85,9 años en 2016 (frente a los 81,2 de 1992 o a la de los hombres en 2016, que es de 80,4).

Esta diferencia de cinco años más de vida tiene como consecuencia que las mujeres necesitan una mayor cantidad de ahorro para financiar su jubilación.

Por ejemplo, para una mujer que quiera tener una renta de 2.000 € a partir de los 67 años (sin contar la pensión de la Seguridad Social), la cantidad que debe ahorrar mientras está en activo es de 406.000 €, dado que vivirá hasta los 85 años.

Frente a los 300.000 € necesarios por un hombre, con una esperanza de vida de 80 años.

Un 35% más que lo que necesitaría un hombre, cuya esperanza de vida es inferior.

Este esfuerzo de ahorro que deben hacer las mujeres se incrementa aún más por el hecho de que las pensiones de jubilación de las mujeres son, de media, inferiores a las de los hombres (en España es un 34% menor) dado que un elevado número de estas cotiza menos años.

La diferencia media en Europa es del 30%, aunque la brecha salarial es del 16%.

Esto se debe a que durante parte de sus carreras laborales la tasa de empleo a tiempo parcial es superior a la de los hombres y a que, también de media, reciben salarios más bajos.

Conviene saber que, en el caso de las personas que no trabajan o que desarrollan una actividad por la que perciben menos de 8.000 € anuales, el cónyuge puede hacer aportaciones al plan de pensiones de la primera.

De esta forma, aunque no tenga ingresos, puede ir generando una bolsa de ahorro para la jubilación y, además, el cónyuge que aporta se lo deduce en la declaración de la renta.

El límite para este tipo de aportaciones es de 2.500 € anuales.

Otra cuestión a tener en cuenta a la hora de planificar el ahorro y las inversiones para ser independientes económicamente en el futuro es que los cambios en el estado conyugal tienen impacto en muchos órdenes de la vida de los mayores.

En este sentido, cabe mencionar que entre las mujeres mayores de 65 años solo el 48,7% están casadas, dado que, en ese grupo, la viudez es muy común y aumenta notablemente con la edad.

Por otra parte, la edad media de las mujeres divorciadas o separadas es de 42,3 años (42,1 años en los divorcios, 46,9 en las separaciones y 35,2 en las nulidades).

Estas situaciones exigen que las mujeres tengan o desarrollen la capacidad para ser económicamente independientes.

Y que hagan una buena planificación financiera que les ayude a lograr sus objetivos, como pueden ser la estabilidad económica o mantener el nivel de vida en el futuro.

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Sencillos pasos para una correcta Planificación

  • Establecer los objetivos vitales   (mantener nivel de vida, independencia económica, adquirir vivienda,…)

  • ¿Cuánto cuestan esos objetivos?   (desde la jubilación hasta la edad aproximada de fallecimiento)

  • ¿Con cuánto dinero cuentas para financiarlos?   (patrimonio financiero actual y el ahorro que podrás generar hasta la jubilación)

  • ¿Qué rentabilidad debes exigirle a tus inversiones?  (rentabilidad mínima, rentabilidad esperada y rentabilidad exigida)

  • ¿Cuáles serán los ingresos previstos cuando estés jubilada?   (pensión  + otros ingresos)

  • ¿Con cuánto quieres vivir? (esto depende de cada persona y de su situación)

Objetivo de rentas (lo que cuestan los objetivos) – (Patrimonio + Ahorro) = Déficit

En la valoración de las partidas de ingresos y gastos, no podemos olvidar el efecto del IPC.

Una vez conocido el déficit (gastos > ingresos) entre lo que se tiene y lo que cuestan los objetivos, la rentabilidad anual media mínima que deberíamos exigir a nuestras inversiones (actuales y futuras), debería ser del 2% (para igualar a la inflación).

Si bien, si no se quiere consumir todo el patrimonio financiero cuando se cumpla una determinada edad antes del fallecimiento, deberíamos exigir que la rentabilidad sea superior.